viernes, 6 de julio de 2018

Otra vez más


En el ring que demarcan
las sendas peatonales, las vanguardias
de dos grupos se encuentran y hacen la pantomima
de un combate a facazos, que les sirve
como saludo y forma de establecer jerarquías.
El aire
cargado de noviembre
traslada sus gritos, el perfume
de los jazmines que pusieron en la plaza y las escalas
que tira el que toca la trompeta con la ventana abierta,
que me hace acordar que mañana
toca Dancing y otra vez no tengo con quién ir.

domingo, 18 de febrero de 2018

Cicatrices por segunda


Tengo un branding en el
pecho que dice NADIE.
Se me nota
aunque no ande en cueros.

sábado, 3 de febrero de 2018

Orden



A veces, si ando cerca
de tu casa, me desvío
para pasar caminando por
la cuadra donde vivís.

¡Qué obse!, me digo.

Después me doy cuenta
de que
lo que en realidad estoy buscando
son esas mismas cuatro letras
en otro orden.

viernes, 19 de enero de 2018

Yo voy por escalera


Bajo seis pisos por escalera para complacer a mi fobia
(siempre que puedo, evito el ascensor).
Sobre un fondo de Hanna y Barbera,
el loop se repite hasta no poder distinguir
en qué piso estoy o en cuál hiede la basura.
La circularidad y la inmovilidad son conceptos físicos
si el único camino posible es girar
para ver la misma puerta y la misma letra D
un piso más abajo.
Apuro el paso, impulsándome en el borde
hundido de los escalones.
No se derrumbaron las torres detrás de mí,
no me persigue un tsunami de polvo
(pero es difícil ver cuando el
groove cardíaco retumba en el palier).
 
Se trata, apenas, de un cambio de nombre:
la incontenible voluntad del desasosiego,
que quiere pasar a
llamarse desesperación.

Cuando la sofocación obliga
a pegar un grito que no sale,
porque aún impera mantener las formas
o porque la garganta está sellada
con cemento desde el vientre,
justo antes de empezar a correr,
el intestino alienante del arquitecto se endereza
y me lanza a la luz distinta de la noche.

sábado, 6 de enero de 2018

Guayaramerín


Si la frontera de la coca
o de la soja
siguen expandiéndose
(si el cambio climático seca 
justo ese curso de agua,
si algún documentalista
se interesa por la vida de los delfines
rosas del Beni),
tal vez podamos conocer
a ciencia cierta
lo que no les fue develado a esos dos padres
que gritaron en vano
los nombres de sus hijos en la selva:
qué fue del baterista que cantaba
y de la cantante que dibujaba,
que un febrero se subieron
a una avioneta
y nunca llegaron 
a ver la imagen de la foto 
que ilustra, acá abajo,
este post.




(Fotos: P. Bartholomai; F. Addams).

sábado, 23 de diciembre de 2017

Cualquier excusa es buena


 
Un cortocircuito en los cables que van
dentro del techo
me obligó a estar
sin luz dos días.
Poco tiempo para desactivar
el reflejo que busca el interruptor
cuando atravesás una puerta.
Aunque tengo en la mano
la birome china con linterna,
trato de encender la luz del baño.
Con la falta de respuesta eléctrica me acuerdo,
sucesivamente, del corte, de la birome
y del vendedor sin fe que dejó una igual
sobre la mesa del bar y la quitó
de inmediato, antes de que nuestra conversación
pudiera alcanzarla.
Es decir, me acuerdo de vos.

viernes, 8 de diciembre de 2017

Tiempo y espacio


Salí a la calle un domingo a la mañana,
casi al mediodía.
Por la esquina de la facultad pasa
un 32. La patente empieza con A y tiene
los viejos colores de la línea 21. Atrás viene
otro, rojo y gris; el plotter del costado dice 117.
Sé bien dónde estoy. Ya vi
que dice 32 encima del parabrisas, ya sé
que los ramales a Olimpo cambiaron de dueño.

Sin embargo, la culata tricolor
abre una grieta en las coordenadas.
Colectivos de las líneas que menos vi en mi vida,
un sol ya olvidado iluminando una calle
irreconocible por el tránsito dominguero…
Esos detalles, unos cambios
aleatorios en la escenografía, podrían ser
indicios de una alteración espaciotemporal.

Capaz que este es otro barrio, que la vieja
General Paz está a un par de cuadras,
que la nicotina es la única droga
que conocés,
que estoy por terminar el colegio y que
nosotros podemos ser otros,
sin tantos agobios.
(Ya me compré el libro de Pizarnik,
y podría ser lo que nos convoque,
como fueron los discos
con Jagger y Richards).

Una vez en casa, debería orientarme
y reconocer el tiempo presente.
Pero la biblioteca y los sillones
y la mesa con su carpeta verde,
y este mismo aire,
inalterables por décadas,
me siguen confundiendo.

sábado, 25 de noviembre de 2017

Como siempre


Y entonces
vos te vas
y yo desaparezco.

sábado, 11 de noviembre de 2017

Allá por el 87


Allá por el 87, nuestras biblias
eran negras, redondas e inconseguibles.
Fuimos la encarnación
de copistas medievales multiplicándolas en casettes
condenados a terminar sus días
–pronto–
como rastas de cinta atascada.
No parábamos hasta que los parlantes
del doble casetera devolvían una masa
informe compuesta mayormente por soplido y ruido
a púa.

Nos esculpía el aire desplazado
por esos sonidos y lo que creíamos
ser escuchándolos.

Después,
los TDK de sesenta se volvieron accesibles.
Vinieron los compacts,
con su promesa de perfección y eternidad,
y las disquerías.
Cuando Tower abrió la sucursal
de Florida ya había pasado el furor.
La acumulación comenzaba a revelar
sus límites. El don no se transmite
por ósmosis.

Tres o cuatro
miles de dólares cubiertos de polvo
me miran desde el mueble,
frente a mi cama.
Saben que, si están en condiciones,
deberán enfrentarse a la realidad
de la desvalorización en Mercado Libre.

viernes, 27 de octubre de 2017

Sala de espera


El que tiene las llaves
no vino y están rompiendo
la puerta para que podamos entrar.
Las paredes y el aire conducen
a velocidades diferentes la vibración
de la amoladora y me anticipan
lo que en un rato hará la fresa
en mi maxilar.
El rato será largo, dos horas
y media de espera estatal.
Ella, que ya decidió la forma de la incisión,
también está esperando.
Los quirófanos están ocupados,
me dice cuando sale
y le pregunto un horario aproximado.
La respuesta es buena y manoteo
en el cajón de sastre de las palabras
un recurso que permita estirar
el diálogo y alterar la línea de producción
de la que formamos parte.
Su cara habla. Siempre. Esta vez dice
que acerté un pleno y me encandila
más que el sol cuadrado que entra 
desde arriba de Marcelo T.
Baja un toque el fulgor y caigo
en nuestras manos,
que convergieron, motu proprio,
en el mismo punto del universo.
Entre pacientes ansiosos o somnolientos,
aferrados todos
al rosario de su credo tecnológico,
dos manos desconocidas se encuentran y dan
forma a un signo vital.
De tanto recordarlo sin encontrar
ocasión propicia para decírselo, flasheé
que se trataba de una comunicación esencial
pese a la carcasa abollada de la sociabilidad.