Los pájaros buscan
nuevas referencias
ahora que volaron
la calesita, la pérgola
y el lugar donde nos vimos
esa vez que fue la última
y yo no lo sabía
–y vos no sé–.
El colectivo sigue
cambiando de colores
y su metamorfosis me asegura
la ubicación temporal.
Nubes preñadas de lluvia
apuran la noche,
sobre la otra plaza
avanza la villa, ahora
tengo que llegar a la ruta
antes que la tormenta,
antes de acordarme
que de nuevo viajé
para ver a nadie.


La abogada militante que lee el comentario que dejé en su blog (favorable, porque me gustaron algunos de sus poemas) y, antes o después de pasar por el mío -las estadísticas me dicen que pasó-, decide no publicarlo.
ResponderEliminarEl croto que tiene la dirección de mail en su blog y no responde cuando le escribo diciéndole "Fulano me recomendó tu nombre para hacer clínica de obra". Y que, cuatro meses después, manda un mail dirigido a múltiples destinatarios avisando de su taller -pero no clínica-, en el cual practica la discriminación por edad y deja explícitamente afuera a los mayores de 35 años (pero, ojo, que es muy inclusivo y dice: "Nadie con ganas de hacer el taller puede quedar afuera por una cuestión de plata". Por plata no, por edad sí).
La que sigue a 1522 y es seguida por 1525, con la cual tenemos seguidores y seguidos en común, a la cual sigo desde hace tiempo, y que -lo descubro cuando miro su feed porque vi un anuncio de sus talleres y clínicas- no me sigue.
La que sigue a 2225 y es seguida por 2232, con la cual... etcétera, a la que le dejo un comentario, el cual likea. Pero no me sigue, ni antes ni después del like.
La psicóloga y escritora que vive de ejercer su profesión y su oficio, y da talleres y clínicas y publica libros, y postea un meme que dice que trabajar le seca el alma. Me alegra no haberte secado el alma haciendo clínica con vos. Igual, mucho interés no demostraste: ni siquiera respondiste lo que te pregunté.
La abogada y escritora premiada que decide no publicarme en su blog porque no uso mi nombre del documento. Como abogada, debería saber que eso se encuadra dentro del delito de discriminación (ley 23592, art 1°).
La ignota que se gana un lugar en mi consideración a fuerza de publicar avisos en Face, y que, cuando quiero seguirla en Insta y le mando solicitud, porque lo tiene privado, me rechaza.
La emprendedora que te llena de spam con avisos de sus talleres y actividades, aun después de cortar el diálogo con cuatro palabras solas ("un gusto conocerte, chau") cuando, ante su insistencia, le ratificás que no le vas a pagar por más de las cinco devoluciones que ya le pagaste.
Todas las forras -media docena- que me rechazaron la solicitud en IG.
El escritor premiado y subsidiado, puto resentido del interior del interior, que se regodea en maltratar atrás de un teclado a quienes hacen talleres y clínicas con él, a los cuales les cobra carísimo para comparar lo que escriben con listas de supermercado, con basura o con la nada misma, para comparar a los participantes con insectos u otros animales y para terminar victimizándose.
Los de la cuenta de IG que piden que les manden textos para publicar y, cuando les escribís para preguntar cómo es la mano, contestan copiando y pegando una respuesta preparada donde dicen que si no les gusta lo que les mandaste no te van a avisar, que sólo avisan si les gustó. Parece que es mucho laburo escribir una respuesta negativa para copiar y pegar, parece que si uno no está a la altura literaria de ellos no merece ni una palabra.
Los de la editorial que piden que les manden textos para un fanzine, y cuando les escribís para preguntar qué onda, te responden, pero cuando les mandás el texto, ni un acuse de recibo.
El de la editorial que hace una convocatoria y escribe en su Face que quienes responden a su convocatoria están desesperados por publicar.
Las (dos) maleducadas a las que les escribí por sus avisos, que sin avisar abortaron o interrumpieron la comunicación cuando les dije que todo bien con la clínica de obra, que de hecho me interesa, pero que la experiencia me había mostrado que uno te dice una cosa y otro te dice otra, y que por eso mejor tomar con pinzas la opinión profesional. Especialmente, la que primero respondió con un mail genérico, copiando y pegando, sin importar lo que cada uno le preguntaba. Y que me habló desde un pedestal difícil de referir brevemente cuando dejó de lado el copy&paste.
La decisión de dar el paso y mostrar las cosas que escribo, tratando de existir y de que ellas mismas existan, implica contactar a gente profesional que, en vez de tirar una (aunque sea, un "dedicate a otra cosa", que puede ser un consejo apropiado en ocasiones), habla de sí misma o no responde. Hasta que alguien contesta amablemente y traza un camino, "hacer una clínica, armar un libro, buscar una editorial".
ResponderEliminarEntonces comienza la peregrinación a Lxs Escritores con un fin más preciso. De ella, lo más claro que saqué como conclusión es que uno te dice una cosa y otro te puede decir la contraria. Así que mejor no entusiasmarse mucho si te dicen algo favorable y tampoco deprimirse mucho si te dicen algo desfavorable. (Lo segundo que saqué como conclusión es que la mayoría no se banca que les digas esto y corta la comunicación de inmediato).
Pero en ese intento te podés cruzar con seres dañinos, en el sentido de alguien que buscar hacer daño. Uno de ellos es Franco Rivero, un abusador psicológico que, desde atrás de un teclado, te denigra sistemáticamente como persona, denigra lo que leés, lo que escribís, lo que decís...
Las alertas, que uno no quiere ver, o no puede dimensionar cabalmente, saltan desde antes de empezar: en el aviso ofrece becas completas, pero, al aceptarte en su taller subsidiado –según dice él mismo en mensajes privados– por el Fondo Nacional de las Artes, resulta que te da "media beca".
Pronto empiezan las descalificaciones, que uno va dejando pasar porque en la guía del taller dice que "estamos para faltarle el respeto al poema, no lo tomen como algo personal". Nadie escribe un disclaimer como ese si no tuvo algún inconveniente antes, pienso, pero no le paro el carro cuando compara mis textos con listas de supermercado, con basura o con la nada misma.
Después están las mentiras: dice que no quiero cambiar nada de los textos y resulta que hice cambios en seis de los siete poemas que estaba mostrándole. Y siempre la irradiación de su soberbia y su superioridad, como cuando cuando larga un "no alcanza" sobre un poema que a otro profesional le había gustado tanto que "no le tocaría nada". Y si se cuestiona su ínclita palabra, Franco lo toma como una agresión.
No hay gaslighting más grande que decir que no existe lo que está delante de nuestros ojos. Y frente a un poema mío Rivero dice "la idea está, falta el poema". No, mostro, el poema está acá, que no te guste es otra cosa. Por cierto, a otra gente profesional le gustó, así que tan un desastre no debe de ser. Tampoco le dije eso.
Ahí me reaparece un recordatorio de cuando me dijo "si vos querés que descarte poemas o partes de poemas me tratás como a un servicio de recolección de residuos". Aparte de que no puede no humillar y elige la comparación más denigrante, realmente me deja en la perplejidad el fondo de su afirmación. Porque yo sí creo que tiene que decirme "esto no va" o cosas similares. ¿Para qué carajo estás si no es para decir eso? Por las dudas, le voy a preguntar a la próxima persona a la que le pague por un asunto similar cuál es su expectativa desde ese lado del mostrador.
Quise hacer el esfuerzo de dejar el maltrato de lado y concentrarme en qué dijo sobre lo que escribo, pero fue inútil porque, además, es un manipulador de manual. Un día te dice una cosa ("yo intuyo alguien que escribe con cierta conciencia del acto, quiere decir que te lo tomás en serio, que no lo hacés de recreación sino de emoción, de conmoción real") y antes de que se cumpla un mes te dice la contraria ("esta escritura tiene que ver con tus tipos de lecturas (olfateo guiños y homenajes a Casas); yo hablo de articular con el acontecimiento, este tipo de escritura lo ignora; escribe como quien fuma, por costumbre, por hábito").
Más que eso, a veces –varias veces–, parece ser alguien que vive en su propia fantasía, y cuando la realidad se choca con ella de modo insalvable, reacciona fuera de toda racionalidad. Cuando se dirige a los participantes del taller con apelativos denigrantes, cuando pretende que le digamos "reina", cuando cobra el triple de lo que cobra alguien tan reconocida –y amable– como Natalia Litvinova, cuando dice "Mirá esto: estás haciendo una clínica con alguien que siquiera te pidió que leyeras algo de su obra y a quien además le largás todos tus prejuicios (y te responde bien) sin conocer mínimo cómo piensa o a qué se dedica. Ponelo en el valor que se merece".
ResponderEliminarSe me pasó avisarle a Franco que ninguna de las personas con las que hice clínica me pidió que leyera su obra. Y, de paso, aunque fuese igual de inútil, pero más personal, contarle que tampoco tuve dramas con ninguna de ellas, porque el tipo este no tiene límites y no se acota a si los textos están buenos o no, o cosas así: lo lleva al terreno personal y trata de poner en mí la responsabilidad del asunto, y suelta un "Me agrediste. Varias veces. Si es tu forma de interactuar, no soy una interlocutora válida".
Ante una devolución dos veces negativa, le digo que entiendo que para él ese poema es un no, y el pendenciero de teclado me responde "tampoco vamos a trabajar en los “no” que vos entiendas porque eso se hace en Terapia y esto no es un diván".
El enfermo este no puede parar de psicopatearme, y así me dice "Yo te di una posibilidad y te seleccioné excluyendo a otrxs postulantes. Por lo menos valorá el gesto". Más todas las veces que insiste con que lo agredí, agresiones que solo existen en su fantasía, aunque, si no hubiera dejado de leer sus respuestas y hubiera continuado hasta el final, claramente habría tenido ganas de agredirlo, de bajarle los dientes y de dejarlo arrastrándose como la larva que es.
Ante su manera de forzar el final del trabajo en la mitad del tiempo previsto –porque es insostenible quedarse en lugares con semejantes niveles de agresión y porque lo dice explícitamente varias veces ("así no podemos seguir")–, no sé si pensar que estaba buscando que yo lo mandara bien a la concha de su madre, para victimizarse, o si simplemente quería laburar la mitad, total ya le habían pagado el monto de una beca completa. Clink, caja.
Hay que dejar de naturalizar el maltrato. No hay que callarse más ante Lxs Escritores. Hay que tener presente, también, que literalmente miles de personas escriben y pagan para tratar de hacer algo con su escritura. Entonces, es altamente improbable que justo vos, que justo yo, logremos asomar la cabeza entre tantos. Aceptar maltratos de un gil no nos va a acercar a eso.
Por todo lo dicho y por tantas otras bardeadas ("¿Para qué hacés una clínica de obra si no querés tocar nada dela obra? Editá y listo. Publicá dónde sea, cómo sea y listo", "más vale no toques el texto si vas a hacer eso, perdés tiempo vos y me hacés perder tiempo a mí", "Si vos querés que descarte poemas o partes de poemas me tratás como a un servicio de recolección de residuos", "Para empezar, las comparaciones tienen que ser válidas", "No entiendo el porqué venís a una clínica de obra a retobarte" porque para FrancO RiveRO no estar de acuerdo con su opinión implica retobarse, es decir, la animalización; o la infantilización, cuando descalifica usando las palabras"berrinches" y "caprichos"), escribo esto acá para sacarme el veneno y también como alerta, por si alguien justo se cruza con sus avisos y tiene la intención de pagarle por sus inútiles y onerosísimos servicios.
Ojalá nadie se ensarte pagándole para exponerse a su maltrato (aunque, ya lo sabemos, nunca falta un roto para un descosido).
Ojalá nadie haga clínicas ni talleres con él, ojalá el Fondo Nacional de las Artes deje de subsidiar a un enfermo como este. Ojalá pase hambre y coma tierra.
(...) El chabón labura con Google Drive, varios documentos organizados en intrincadas capas de carpetas y subcarpetas, lo que ameritó un posteo extra de su parte para volver a explicarlo porque muchos no habíamos entendido cómo funcionaba. En todos se podían dejar comentarios y era el único ámbito donde podíamos tener conocimiento de que había otra gente tallereando en simultáneo (hasta que hubo un par de encuentros por Jitsi, que no estaban previstos originalmente, y que fueron un plomazo: dos horas donde no se leyó un solo poema).
ResponderEliminarEn una parte me pareció encontrar la chance de "participar en clase", y comenté que algo allí mencionado me hacía pensar en Mariano Blatt y en otra gente que pega más en vivo que en papel. Su respuesta fue: "Eso no es poesía, es performance".
Por último, las carpetas de los participantes, donde estaban, visibles solo para él y yo, nuestros textos, tanto los presentados en la convocatoria como algunos más que se podían sumar, una vez vistos aquellos. Su primera devolución fue muy entusiasmante: me dijo que había "poemas casi logrados en su totalidad, lo que le falta para redondear aparece dentro del mismo poema pero de otra forma. Eso es muy bueno para vos". También dijo que yo escribía "con cierta conciencia del acto, quiere decir que te lo tomás en serio, que no lo hacés de recreación sino de emoción, de conmoción real".
El tipo buscaba establecer una analogía entre su taller y un hormiguero, y así todo el tiempo se dirigía los participantes con el apelativo "hormiga" delante del nombre, a la vez que pretendía que le dijéramos "reina". Esto me resultaba especialmente molesto porque yo no soy ninguna hormiga: ni hormiga, ni cucaracha, ni tigre, ni nada. Hay un ajedrecista que tiene un canal de Youtube y, como se llama Germán, a sus alumnos y espectadores les dice gérmenes. Pero lo dice una vez al comienzo del video, otra al final, y listo: no te dice todo el tiempo "germen Alejandro", "germen Eduardo", etc. Es más, él mismo se dice germen. Okey, es parte del chiste, un rato está bien. Pero usar esa boludez literalmente en cada ocasión revela otra cosa. Como sea, yo jamás me referí a nadie del taller como hormiga y jamás le dije reina.
El manual de instrucciones explicaba que había un código de colores: si él resaltaba una parte en verde, quería decir que estaba bien; si lo hacía en otro color que no recuerdo era que había que sacar eso, y un tercer color indicaba que había que cambiar esa parte. En su devolución había varias cosas en verde y apenas dos o tres con los otros colores. Así que hice los cambios que pude en esos textos y a los otros les comenté "este quedaría así". Ahí vino el primer encontronazo. Su respuesta fue que resaltaba en verde “los tramos por donde creo se manifiesta el poema, donde le hallo singularidad y es para que te apoyes en esos tramos en la re-escritura. Si me encuentro con un poema cerrado, sin posibilidad de sumarle nada, te escribo en un comentario un REDONDO”.
En las instrucciones no decía nada sobre las partes que quedaban sin colorear. Él tampoco lo aclaró ahora. Y yo no se lo pregunté. Tampoco le dije lo que pensaba sobre la redondez de los poemas ni le mencioné que yo tenía una decena de poemas seguramente “redondos” para Alejandro Méndez, cuyo comentario sobre cada uno de ellos fue “no le tocaría nada”.
Sus devoluciones eran super abstractas y a veces simplemente flasheaba cualquiera, como ese poema que empieza "la morguera se traga el cuerpo / antes que la tierra / o el horno" y el chabón lo relacionó con la palabra murga, y se puso a hablar de un corso. Si quería que yo llevara mi poema por ese lado, no sé si decir que era un idiota o un irrespetuoso.
De todos modos, en esta segunda instancia hice cambios en seis de los siete textos que había puesto en el archivo. No fue fácil modificarlos porque, como había que superar su selección previa, lógicamente elegí los que consideraba mejores, tanto por mi apreciación como por lo que me habían dicho en las clínicas previas. Sobre el restante le dije que no encontraba manera de hacer cambios, que me gustaba como estaba y que si siempre escribiera así no haría clínicas ni nada porque estaría muy conforme.
ResponderEliminarDe uno de estos textos le había mandado la primera versión. Como no le gustó, le mandé la que consensuamos con Litvinova, que había propuesto algunos cambios a la original. Tampoco le gustó lo que había pasado por la mano de Natalia. Creo que fue entonces cuando le dije que a veces me parecía estar cambiando muebles de lugar, pero no consiguiendo muebles nuevos, y me contestó de bastante mal modo que para hacer eso no hiciera nada.
"Más vale no toques el texto si vas a hacer eso. Perdés tiempo vos y me hacés perder tiempo a mí. Para relucir caprichos jugamos a otras cosas, más vale". Transcribo su respuesta completa y otra vez tengo ganas de hacer lo que no hice: mandarlo bien a la concha de su madre.
En la segunda devolución empezó a tirar mierda a mansalva; entre ella se destacaban dos frases: "No se siente el clima; ni un clima se siente. Le falta un ritmo al poema, intuyo que se lo das vos leyendo. Con eso no alcanza". Si ponía "no siento el clima" o "no me alcanza", no me molestaba; pero ese deseo suyo de que su palabra sea la verdad absoluta revela la excesiva autoestima que tiene este muchacho. Además de no reflejar la realidad, porque justo sobre ese texto otra persona me había dicho que no le cambiaría nada: a Méndez "le alcanzó".
Y el hit: critica que en mis poemas hay mucha enumeración y mucha descripción, y en vez de dejarlo ahí o de decir, por ejemplo, "para mí eso no es poesía" (y, agregar, si tuviera algo de grandeza y amplitud de perspectiva, "pero para otra gente puede serlo"), escribe una frase de flagrante mala leche: "Para enumerar están las listas de supermercado, para describir están los volantes que se entregan en la calle".
Me acordé de que estamos para faltarle el respeto al poema, de que "no es personal", y no dije nada. En cambio, elegí citar una frase de Méndez que iba por ese lado. Alejandro me había dicho que en mis poemas hay mucha descripción y mucha narración, y que no me peleara con eso. Agregué que aunque quiera pelearme no me sale, no sé generar algo por fuera de ciertas estructuras.
En el siguiente envío me acusa de haberlo agredido varias veces (?). Lleva las cosas a un terreno personal y me culpa por mi manera de interactuar. Además, miente diciendo que yo no quería cambiar nada de los textos. Del texto que más le había gustado a Méndez me dice que “de este poema lo mejor es el título”, y cuando le explico que cita un verso de Casas, aprovecha para criticar a F.C., para criticar ya no sólo lo que escribo, sino lo que leo, y para decir: "Yo hablo de articular con el acontecimiento, este tipo de escritura lo ignora; escribe como quien fuma, por costumbre, por hábito y ya no siente el sabor". El mismo que un mes antes me había dicho que yo escribía de conmoción real ahora me decía que mi escritura es esto.
Como una vez le contesté "por lo menos a alguna le gente le gustó" refiriéndome a un poema que me estaba haciendo mierda, pensé que quizá esa respuesta le había sonado destemplada. Me puse a buscar en los mails y encontré que me acusa de haberlo agredido cuando le mencioné lo que me había dicho Mendez sobre lo descriptivo y lo narrativo.