sábado, 31 de octubre de 2026

Mi casa de moneda

 

Te reías cuando encontraba una moneda en la calle,
el sol reflejándose en el sol
metálico que llamaba desde el asfalto
o en las juntas de la vereda,
y en un movimiento me alejaba, me agachaba,
la agarraba y volvía
al lado de tu risa.
La misma visión
periférica incontenible
cuando encontraba volantes
para vender como papel blanco.
Ahora no tengo quién me vea
cuando paso por la esquina
donde los limpiavidrios
piden plata en el semáforo
y tiran los billetes
de baja denominación
a veces enteros, a veces
rompiéndolos, como si flashearan
hincha de equipo brasilero
o ministro de economía
tratando de reducir
la base monetaria.
Paso muy tarde, o muy temprano,
y con suerte distingo los bordes rectos
de un billete en la penumbra que se mueve
entre el cordón de la vereda
y las ruedas de los autos estacionados,
la energía opaca del papel
moneda gastado o el tornasol
de un billete de cien.
Ayer encontré un bollito de color
rojo veinte pesos
y lo revisé en la otra cuadra: eran dos
medios billetes rotos a propósito.
Di una vuelta a la manzana
para esperar que se fuera
el que estaba arrancando su Kangoo,
volví a pasar y unos autos más allá
encontré la otra mitad de uno de ellos,
y lo reconstruí con cinta scotch.
Guardé la otra: a veces
dos partes de billetes distintos se parecen tanto
que fabrico uno nuevo
con mitades cuyos números no coinciden.

1 comentario:

  1. La otra vez estaba viendo qué poema mandar a la convocatoria para el open mic del festival de poesía que se hace en Lanús. Y justo me apareció una historia de IG donde convocaban para el open mic de una lectura en un bar cerca de casa. Una de las que leía es la organizadora de ciclo donde leí el año pasado, otra es una de las que leyó en esa velada, etc.
    Y mandé a los dos lugares el mismo poem, uno que le había gustado mucho (sic) a la reputada escritora con la que hice clínica de obra este verano.
    En Lanús eligieron a seis, no a mí. En el de acá cerca eligieron a diez. A diez. No a mí.
    Pero ojo que Reif dice que le gustó mucho el tono narrativo del poema, y la construcción visual, el final también,
    La cosa es que a dos cuadras del boliche los trapitos de la cuadra descartan billetes de baja denominación. Y yo a veces voy a ver si encuentro algo. Hoy maté dos pájaros de un tiro: pasé por la puerta del lugar donde no me convocaron (aún no habían abierto) y también por la esquina de los billetes. Pero no encontré nada.

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