jueves, 14 de mayo de 2026

Palestina (una traducción)

Somos los refugiados que nunca te vimos.
Te estudiamos en los libros de historia
y te buscamos en mapas antiguos.
Te llevamos al cuello, en una cadenita de oro
donde colgamos un dije
con la forma de tu mapa.
Te oímos en viejas canciones populares
y escribimos poemas
tristes sobre vos y sobre nosotros.
Escuchamos atentamente las historias de nuestros abuelos
tratando de representarnos los lugares tal como los describen:
pertenecemos a una imagen imaginada de vos.

Tu nombre
se repite ante nosotros en los noticieros,
cercano, pero a la vez ajeno.
Se repite en las historias de turistas extranjeros
que te conocen
más que nosotros.
Le preguntamos por vos a la gente
con el anhelo de un niño que busca a la madre
de quien lo separaron en la infancia.

En nuestros corazones hay una añoranza
que ninguna ciudad del mundo puede sanar.
Nuestra infancia, que no compartimos con vos,
quedó incompleta.
Nuestras penas se extienden como nuestro sueño de vos:
del mar al río.

Nosotros, los refugiados,
sabemos de memoria las historias de nuestros abuelos
para poder contárselas a nuestros nietos,
y nunca nos cansamos de esperar.

 

(Una traducción propia y fiel de فلسطين, de Samar Abdel Jaber, poeta palestina nacida en Kuwait en 1985, tercera generación de refugiados ex pulsados de Haifa en la nakba. El poema es de 2013 y fue publicado en su blog summer-blues).



 

2 comentarios:

  1. La conocí gracias a vos, O.O.
    Gracias por estar en la trinchera que hay que estar. Acá, de Massey para acá.

    Abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por tu comentario, Frodo...
      A veces siento medio un plomazo hablar de esto, dos y años y medio lleva (78 años lleva), y el poder silenciador de los defensores del genocidio es enorme, su dominio sobre los medios y sobre la "justicia". Pero bueno...

      Dos cosas más:
      1) el genocidio no terminó.
      2) unas palabras de la autora, ahora que integra una antología de poetas palestinas editada en España (y traducida por una traductora de verdad, no por mi voluntarismo, jaja).

      Desde que comenzó el genocidio, he sido incapaz de escribir nada. La niña que hay en mí, que creía en el poder de la palabra y soñaba con un mundo más justo, ya venía desesperando desde hacía unos años, con la decepción de la Primavera Árabe. Con el genocidio, el sentimiento de impotencia ha alcanzado su cúspide, y ahí sigue.
      Escribir, como es mi caso, desde la distancia hace que sientas vergüenza por el cúmulo de masacres, la brutalidad, la hambruna y la destrucción, por la total incapacidad de hacer que algo cambie.

      Eliminar