Somos los refugiados que nunca te vimos.
Te estudiamos en los libros de historia
y te buscamos en mapas antiguos.
Te llevamos al cuello, en una cadenita de oro
donde colgamos un dije
con la forma de tu mapa.
Te oímos en viejas canciones populares
y escribimos poemas
tristes sobre vos y sobre nosotros.
Escuchamos atentamente las historias de nuestros abuelos
tratando de representarnos los lugares tal como los describen:
pertenecemos a una imagen imaginada de vos.
Tu nombre
se repite ante nosotros en los noticieros,
cercano, pero a la vez ajeno.
Se repite en las historias de turistas extranjeros
que te conocen
más que nosotros.
Le preguntamos por vos a la gente
con el anhelo de un niño que busca a la madre
de quien lo separaron en la infancia.
En nuestros corazones hay una añoranza
que ninguna ciudad del mundo puede sanar.
Nuestra infancia, que no compartimos con vos,
quedó incompleta.
Nuestras penas se extienden como nuestro sueño de vos:
del mar al río.
Nosotros, los refugiados,
sabemos de memoria las historias de nuestros abuelos
para poder contárselas a nuestros nietos,
y nunca nos cansamos de esperar.
(Una traducción propia y fiel de فلسطين, de Samar Abdel Jaber, poeta palestina nacida en Kuwait en 1985, tercera generación de refugiados ex pulsados de Haifa en la nakba. El poema es de 2013 y fue publicado en su blog summer-blues).

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