lunes, 22 de julio de 2024

Armstrong


Tu chau seco
quebró el aire y la idea
de pedirte una última mirada,
una última mano
en el esternón.
Te paraste en los pedales y encaraste
la cuesta de Centenera sin mirar atrás,
con la ufanía del Armstrong más glorioso
y más dopado
subiendo el Alpe d’Huez.
Tomabas velocidad
en los escalones que forman
las calles transversales
y pronto volvías
al esfuerzo que demanda alejarse
hasta desaparecer en una esquina,
en las copas de los árboles,
en el punto de fuga, en la distancia
que ya habías puesto por escrito.
Vas a quedar en mi memoria como él
en los anales del Tour,
un nombre tachado, un casillero en blanco,
algo que fue y no fue.

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