viernes, 27 de octubre de 2017

Sala de espera


El que tiene las llaves
no vino y están rompiendo
la puerta para que podamos entrar.
Las paredes y el aire conducen
a velocidades diferentes la vibración
de la amoladora y me anticipan
lo que en un rato hará la fresa
en mi maxilar.
El rato será largo, dos horas
y media de espera estatal.
Ella, que ya decidió la forma de la incisión,
también está esperando.
Los quirófanos están ocupados,
me dice cuando sale y me acerco
para preguntarle un horario aproximado.
La respuesta es buena y manoteo
en el cajón de sastre de las palabras
un recurso que permita estirar
el diálogo y alterar la línea de producción
de la que formamos parte.
Su cara habla. Siempre. Esta vez dice
que acerté un pleno y me encandila
más que el sol cuadrado que entra 
desde arriba de Marcelo T.
Baja un toque el fulgor y caigo
en nuestras manos,
que convergieron, motu proprio,
en el mismo punto del universo.
Entre pacientes ansiosos o somnolientos,
aferrados todos
al rosario de su credo tecnológico,
dos manos desconocidas se encuentran y dan
forma a un signo vital.
De tanto recordarlo sin encontrar
ocasión propicia para decírselo, flasheé
que se trataba de una comunicación esencial
pese a la carcasa abollada de la sociabilidad.

2 comentarios:

  1. Finalmente, el día que se me ocurría algo más o menos satisfactorio para esa parte que siempre quedaba renga, y lo escribía con la llave contra una pared en un volante de papel blanco rescatado de alguna otra pared, justo cuando quería dar por terminado su recuerdo y guardarlo en un cajón mental al que la neuroquímica tuviera menos acceso, la encontré en la calle y, a partir de ese encuentro, algo de esto pude decirle.
    No lo de este blog, no lo de la frase que será título de libro si alguna vez el libro artesanal llega a ser, no otras cosas. Pero algo, incluyendo lo de ese encuentro de manos, aun más inesperado que el del otra noche en esa esquina, ahora sabe.
    Después, todo seguirá (todo sigue, de hecho) igual, pero algo, por una vez, resquebrajó el solipsismo de siempre.

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  2. Pero, sobre todo, el gesto contenedor del día de extracción+implante, momento siempre tenso, más cuando todo se demora porque hay que romper la cerradura. En un momento de esas casi tres horas de espera, abriste la puerta, me acerqué para preguntarte un horario aproximado, recordé lo que me había dicho Gonzalo, "agradecele a la doctora su gestión", y así lo hice, aunque nunca supe cuál fue exactamente. Pusiste una de esas caras tuyas tan expresivas y de pronto nuestras manos habían convergido, por su cuenta, en el mismo punto del universo. Fue el highlight del año pasado, ese. Por el gesto en sí, pero especialmente porque ese gesto me re llega. Siempre. Nos dábamos un beso, ponele, y no era lo mismo.

    (Y un par de veces que se repitió no fue adrede, pero supongo que alguna parte de mi inconsciente lo buscó).

    Además, está la empatía que generaba tu condición de "nueva", en especial luego de algunos tratos ásperos, por ejemplo el que ese mismo día te dispensó tu compañero a raíz del lugar donde pusiste la mesa. Aparte de lo destemplado que me sonó, supongo que lo registré con precisión porque es como que la hinchada o el DT puteen a un jugador nuevo al minuto de partido. Pará, boludo, no la pongas nerviosa que me tiene corrrrrtarrrrrrrrrr. Ella. A mí. (Igual, también recuerdo que te felicitó al terminar).

    Y en eso de ser nueva, algo que me quedó mucho es la imagen de alguien construyendo algo: tu mirada ávida, preguntando cosas, super absorbiendo lo que pasa; tu cara seria, concentrada, sobre todo al comienzo, pero capaz que eso era culpa de los anteojos (?). Con una atención (también podría decir, a veces, con una tensión) importante. Tal vez la lógica para una situación así. Yo, que estudié en la otra cuadra, en Sociales, solía decir que nosotros éramos unos chamuyeros lamentables, que los de "la otra cuadra", odonto, medicina, eran la posta. Esos no se podían equivocar (aunque sabemos que hay errores, y de lo que se trata es de minimizar la probabilidad de que ocurran). Nosotros hablábamos gilada marxiana, porque decimos marxiana y no marxista, jaja.

    Ojalá que esa construcción, que se monta sobre lo que ya construiste, siga creciendo. Un par de comentarios que hiciste, y que recuerdo más como concepto que en palabras textuales, me hacen pensar que es ardua esta parte: insertarse en el circuito laboral, ir armándose de equipamiento -que, seguro, no es barato-, la gente que no tiene guita y se atiende menos.

    Algunas personas prefieren la palabra éxito a la palabra suerte, dicen que suerte necesitan los mediocres, algo así. No voy a entrar en esa disquisición. En una época, para evitarla, nombraba un disco de unas de mis bandas favoritas: The very best. Es lo que te deseo.

    Todo esto forma parte de la cuenta cuyo resultado simplificado es, en palabras, fuiste importante.

    Decirlo, saliéndome de rango por única vez -tranca, no te voy a atosigar con mails-, es mi manera de devolver la buena onda que tiraste (y de activar, al recordarlo, esos circuitos neuroquímicos que surgen con los recuerdos gratos: soy un drogadicto de la neuroquímica de los recuerdos): fue suficientemente buena y repetida como para que quede bien presente y varios meses después tenga ganas de hacerlo.

    Y también, aprovechando la fecha, una forma de decirte feliz cumpleaños. ;)

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