sábado, 14 de febrero de 2026

Almagro, 5 a. m.

Los cuerpos yacen en las veredas
como si los hubiera alcanzado la nevada
justo antes de poder abrir la puerta.
Aquellos, tapados por diarios
y cartones, ¿están tibios o muertos?
Un envoltorio de film verde esmeralda sube y baja
lenta, rítmicamente
a la altura de los stickers con códigos de barras,
y ese movimiento me indica que el contenido
es una persona respirando
aunque esté del lado del cordón.
En otra vereda
alguien espanta una rata que le interrumpe el sueño
con un manotazo igual al que yo usaría
para espantar un mosquito.
Raya el día y la luz
trae al cana de la cuadra.
El muchacho que esta semana
duerme en la esquina de mi edificio
despierta a su madre con un  “vamos, mamá”
y el poli sin cruzar la calle
le dice que hasta las siete
o siete y media
pueden quedarse.
Cuando paso de nuevo,
son las seis y veinte
y ya están listos para irse.
¿A dónde?

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